Hay dos matrices distintas, al menos. Maneras diferentes en que se estructura el pensamiento, esquemas simbólicos que en el sujeto son previos, y condición de posibilidad de todo desarrollo conceptual, de todo pensar en general.
Esa estructura tiene un origen múltiple y poco determinable, pero se manifiesta en la relación entre los cuerpos de una comunidad y el entorno geográfico en el que habitan, su hábitat. Tarea imposible es determinar con exactitud cómo el suelo, la geografía, el hábitat, influyen en esa estructura simbólica que se hereda culturalmente. Sin embargo es menester afirmar que esa relación existe y posee sus propias determinaciones.
En estas dos matrices a distinguir se encuentra la dualidad, la binariedad del pensamiento, pero bajo una relación diferente en cada caso.
La afirmación y la negación, el bien y el mal, lo bello y lo feo, etc, no quieren decir gran cosa si no se explicita cómo se relacionan, cómo operan en cada comunidad.
Por un lado tenemos la matriz que podemos llamar occidental y cristiana. En ella la binariedad se desarrolla fundamentalmente como oposición, cada valor es o positivo o negativo. En esa oposición bipolar, la cultura le concede a los términos un valor y por lo tanto una actitud específica para con ellos. La valoración en cuestión, que se estructura como lo negativo y lo positivo, intenta reducir el ser sólo a lo positivo tratando de que lo negativo tienda hacia la nada, el no ser.
En el neoplatonismo el bien se identificaba con el ser y el mal con la nada. Por un lado está el valor positivo, el bien, que tiene entidad, que es, y por otro lado, el mal, pero no como un valor en sí, sino precisamente como la ausencia del ser. El diablo no tiene cabida en este esquema, donde acontece el mal es por la ausencia de dios y no por la presencia del diablo.
Este pensamiento, esta manera de operar del entendimiento, es la que se expresa de manera rotunda en la modernidad europea y más precisamente en el seno de los países industrializados. Allí donde anida el mal, es preciso instalar el ser, allí donde no hay nada, es preciso que haya bien. Allí donde hay gente desnuda es preciso que haya vergüenza.
Se expresa también como una utopía. Se convive con el bien y el mal pero se procede como si fuera posible eliminar uno para instalar definitivamente el otro. Hay una relación negativa, violenta, para con el mal, como si el bien pudiera subsistir sin él.
Pero lo positivo no enfrenta lo negativo reconociéndolo, como algo en sí mismo, sino como ausencia de o carencia de. Cuando Europa llega a América no ve la cultura del indio, lo ve desnudo, no puede ver desde sus esquemas que el indio sea distinto, lo ve, por lo tanto, inculto. No como una comunidad con sus saberes sino como una comunidad ignorante. Lo mismo podría decirse que sucede hoy no tanto con el indio sino con el pueblo en general, los intelectuales y las agencias de márketing ven al pueblo como una masa boba y manipulable que carece de pensamiento y autodeterminación.
El mal efectivamente es y no puede ser reducido a la nada, como el agua, cuando se la tapa de un lado y sólo se consigue que aflore del otro. Mientras mayor sea el esfuerzo por conseguirlo, con más presión o fuerza hará que éste se manifieste. No es casualidad que en las comunidades que más culto le rinden a la pulcritud y a las "buenas costumbres" el mal aflore subrepticiamente de manera monstruosa.
En la prehistoria del individuo, cuando el sujeto todavía no se ha constituído, es la comunidad la que se las arregla para hacer frente, en la desnudez primitiva, a la ira de la naturaleza. La inminencia de lo nefasto reclama una salida metafísica, un símbolo, un algo con qué enfrentar la nada, el sinsentido existencial, el hecho de estar vivo en medio de.
En la modernidad, anunciada por Nietzsche como la muerte de Dios, lo que aparece como fundamento, como asidero metafísico, es el método, y con él, la técnica.
Si bien se dice que el fundamento es el sujeto, el cógito o el yo pienso, ese yo pienso, no está desligado de un cómo pienso, de una norma. En cuanto se percata que piensa y existe, establece un mecanismo por el cual el sujeto constituye uniformemente un mundo. ¿Cómo distinguir lo verdadero de lo falso, lo que es de que lo no es? Es preciso para ello pensar, pero ese pensamiento ha de tener que realizarse bajo cierta metodología. Con esto nos referimos al principio de no contradicción y a los métodos científicos de deducción, inducción, comprobación de hipótesis, etc.
A partir de allí, todo discurso que no opere según la lógica o el método previamente establecido, empieza a ser considerado como un mero palabrerío que no dice nada. De esta manera la ciencia determina en el plano del conocimiento cuales discursos forman parte del ser y cuales no, y bajo esta metodología se intenta instalar el ser en donde previamente se ha decretado que no hay nada.
Así es como el saber culto occidental, ya en el época de la técnica, distingue entre lo que es el conocimiento y la ignorancia, siendo esta última la mera ausencia de conocimiento. Somos remitidos una vez a la binariedad occidental y cristiana en donde el mal es la ausencia del bien.
Con la técnica como estructura simbólica que le hace frente a la desnudez existencial de lo humano, junto con los progresivos descubrimientos en el arte de manipular objetos bajo esa metodología, surge la ilusión irrefrenable de poder dominarlo todo, de instaurar un imperio del ser en donde todo sea esperable, predecible y manipulable.
Se esperaba no sólo el dominio de la naturaleza por parte de las ciencias duras sino también en el ámbito de las ciencias sociales se desarrollaba la ilusión de que aplicando ciertos mecanismos, sobre todo educativos, podía convertirse a todo habitante del mundo en un ciudadano de bien, con buenas costumbres, de pensamiento autónomo, obediente a las leyes y sobre todo capaz de cooperar en esa ilusión de progreso que se vivía como una realidad a futuro.
El pensamiento occiental opera sobre objetos, separándolos del resto de los objetos, estudiando a cada uno en sí mismo. De esta manera ha llegado a establer que ese objeto que somos las personas es el mismo en todo el mundo y en cualquier época, sólo que la diferencia de formación durante su niñez y adolescencia es lo que determina sus diferencias. A partir de este supuesto nacen las instituciones educativas que prometen uniformar la sociedad, intentando obtener de todas las personas, las cuales se dicen potencialmente son iguales, adultos realmente iguales, esto es, bien educados. Bastaba aplicar el método correcto de enseñanza, para todos igual, para que todos sean buenos ciudadanos, libres, autónomos, productivos, obedientes, etc.
Claramente nuestro sistema educativo, pese a que ya no estamos en la modernidad, responde a esos criterios que se fundamentan en la universalidad del saber y de lo humano, sin tener en cuenta las determinaciones geográficas, el suelo o hábitat en la que cada persona se desarrolla y a través de la cual ingresa a la cultura, esto es, a la posibilidad de operar por medio de símbolos.
Es fácil diagnosticar que la educación ha fracasado en su anhelo de uniformar a la sociedad intentando anular sus diferencias, sobre todo en suelo no europeo.
Resultó ser que allí donde se creía que no había nada, en donde se pretendía instalar el ser, ya había algo, y aunque el pensamiento occidental haya intentado reducirlo a la nada instalándole sus propias categorías, esas mismas categorías se han visto fagocitadas por lo que ellos negaban.
El suelo hace lo suyo en el terreno de la cultura y el pensamiento, y es preciso dar cuenta que hay plantas que no arraigan en cualquier lado, y como suele decir la gente por este lado del continente, yerba mala nunca muere.
Continuará...
alan brando
Anotaciones para expresarse libremente
Cada vez que se habla de libertad de expresión en la democracia se alude sólo a un aspecto de lo que significa la expresión. Y llamativamente ese aspecto de la expresión a la que se alude es el más insignificante, el más inofensivo y tenue.
Desde esta época en donde el término expresión parece circunscribirse sólo al ámbito del decir, resulta muy difícil entender los textos filosóficos de la modernidad, sobre todo los de Spinoza y Leibniz, en donde el término expresión es la piedra angular de sus filosofías.
La dificultad estriba, entre otras cosas, en el hecho de que el término expresión decía en esa época mucho más de lo que dice ahora. (Da testimonio de esta dificultad la tesis doctoral de Deleuze sobre "El problema de la expresión en Spinoza")
Es preciso retomar entonces aquel aspecto negado de la expresión por el cual conquistar la libertad de expresión significaría mucho más que conquistar la posibilidad de decir.
Si la libertad de expresión es dada a los ciudadanos, en los aspectos a los que ellos restringen el término, entonces parece haber un triunfo de la libertad de expresión, y los otros aspectos de la expresión no son tematizados ni puestos en discusión.
Limitar la libertad de expresión a la libertad de enunciar palabras, discursos, en fin, a su aspecto verbal, hace olvidar y anula la lucha por lo que también vale la pena luchar, esto es, la libertad de expresión no verbal de los cuerpos.
Podría formularse de la siguiente manera: conviene que la gente pueda decir lo que quiera y con ello se satisfaga su anhelo de libertad, antes que empiezen a reclamar una libertad de expresión efectiva, en donde además de decir con palabras, puedan decir con acciones.
La posibilidad de expresarse que tienen los cuerpos está íntimamente relacionada con su posibilidad de moverse libremente, de poder entrar en las distintas configuraciones de movimiento y reposo que se deseen.
Comer, por ejemplo, es un movimiento que realizan los cuerpos, a partir de un apetito (al cual llamamos deseo cuando somos conscientes de él). Con este movimiento se intenta conservar y aumentar, en lo posible, la potencia de ese mismo cuerpo de entrar en nuevas configuraciones de movimiento y reposo, de expresarse libremente
El pobre no necesita hablar para expresar su pobreza.
Cuando no dejamos que los pobres se muevan libremente entre los ricos, y viceversa, estamos limitando la posibilidad de expresión de esos cuerpos.
Los ricos no quieren ver pobres moviéndose en su territorio. Por eso temen moverse en territorio de pobres, temen que los pobres sean como ellos.
Los políticos en la ciudad de Buenos Aires ganan elecciones prometiendo sacar la villa 31 de Retiro porque a los porteños clase media y alta no les gusta que la pobreza se exprese en "su" territorio.
Buenos Aires puede vivir a costa de la explotación de los cabecitas negras pero no les gusta que se paseen por donde ellos se pasean.
Cuando hablamos de libertades en un plano político parece que cualquier medida en favor de ella debería ubicarse dentro de lo que se denomina "el liberalismo".
Pero lo que resulta curioso es que la libertad que promulga el liberalismo se reduce a la libertad de comercio, y en última instancia, el libre mercado no es más que la libertad de los objetos y no tanto la de las personas.
El libre mercado propone que las mercancías ingresen libremente de un país a otro para ser compradas o vendidas, sin restricciones.
Pero por otro lado, los gobiernos liberales estan de acuerdo en que las personas no puedan vivir en el país que ellas quieren y ser tratadas por igual.
Una mercancía tiene un poder de expresión mayor que una persona, puede moverse más libremente por el mundo.
Si la mercancía circula libremente no necesito de la libre circulación de los cuerpos que la producen, al contrario, necesito que esos cuerpos se queden a producir en donde la mano de obra me cuesta más barata.
La muerte se expresa en los cuerpos putrefactos o en vías de putrefacción, no en las cifras y obituarios de un diario.
Habrá libertad de expresión cuando no haya más derecho de admisión, restricciones a la libre circulación de los cuerpos, requerimientos de visas, pasaportes, capital y demás impedimentos.
Cuando los feos, los pobres, los malos, los ignorantes y los sucios puedan expresarse en medio de los lindos, los ricos, los buenos, los sabios y los limpios, y viceversa, quizás entonces recién, podamos hablar de que hemos conseguido la libertad de expresión.
Cabe preguntarse si los aspectos negados del término expresión no son precisamente aquellos a los cuales la propiedad privada le impone sus límites.
Desde esta época en donde el término expresión parece circunscribirse sólo al ámbito del decir, resulta muy difícil entender los textos filosóficos de la modernidad, sobre todo los de Spinoza y Leibniz, en donde el término expresión es la piedra angular de sus filosofías.
La dificultad estriba, entre otras cosas, en el hecho de que el término expresión decía en esa época mucho más de lo que dice ahora. (Da testimonio de esta dificultad la tesis doctoral de Deleuze sobre "El problema de la expresión en Spinoza")
Es preciso retomar entonces aquel aspecto negado de la expresión por el cual conquistar la libertad de expresión significaría mucho más que conquistar la posibilidad de decir.
Si la libertad de expresión es dada a los ciudadanos, en los aspectos a los que ellos restringen el término, entonces parece haber un triunfo de la libertad de expresión, y los otros aspectos de la expresión no son tematizados ni puestos en discusión.
Limitar la libertad de expresión a la libertad de enunciar palabras, discursos, en fin, a su aspecto verbal, hace olvidar y anula la lucha por lo que también vale la pena luchar, esto es, la libertad de expresión no verbal de los cuerpos.
Podría formularse de la siguiente manera: conviene que la gente pueda decir lo que quiera y con ello se satisfaga su anhelo de libertad, antes que empiezen a reclamar una libertad de expresión efectiva, en donde además de decir con palabras, puedan decir con acciones.
La posibilidad de expresarse que tienen los cuerpos está íntimamente relacionada con su posibilidad de moverse libremente, de poder entrar en las distintas configuraciones de movimiento y reposo que se deseen.
Comer, por ejemplo, es un movimiento que realizan los cuerpos, a partir de un apetito (al cual llamamos deseo cuando somos conscientes de él). Con este movimiento se intenta conservar y aumentar, en lo posible, la potencia de ese mismo cuerpo de entrar en nuevas configuraciones de movimiento y reposo, de expresarse libremente
El pobre no necesita hablar para expresar su pobreza.
Cuando no dejamos que los pobres se muevan libremente entre los ricos, y viceversa, estamos limitando la posibilidad de expresión de esos cuerpos.
Los ricos no quieren ver pobres moviéndose en su territorio. Por eso temen moverse en territorio de pobres, temen que los pobres sean como ellos.
Los políticos en la ciudad de Buenos Aires ganan elecciones prometiendo sacar la villa 31 de Retiro porque a los porteños clase media y alta no les gusta que la pobreza se exprese en "su" territorio.
Buenos Aires puede vivir a costa de la explotación de los cabecitas negras pero no les gusta que se paseen por donde ellos se pasean.
Cuando hablamos de libertades en un plano político parece que cualquier medida en favor de ella debería ubicarse dentro de lo que se denomina "el liberalismo".
Pero lo que resulta curioso es que la libertad que promulga el liberalismo se reduce a la libertad de comercio, y en última instancia, el libre mercado no es más que la libertad de los objetos y no tanto la de las personas.
El libre mercado propone que las mercancías ingresen libremente de un país a otro para ser compradas o vendidas, sin restricciones.
Pero por otro lado, los gobiernos liberales estan de acuerdo en que las personas no puedan vivir en el país que ellas quieren y ser tratadas por igual.
Una mercancía tiene un poder de expresión mayor que una persona, puede moverse más libremente por el mundo.
Si la mercancía circula libremente no necesito de la libre circulación de los cuerpos que la producen, al contrario, necesito que esos cuerpos se queden a producir en donde la mano de obra me cuesta más barata.
La muerte se expresa en los cuerpos putrefactos o en vías de putrefacción, no en las cifras y obituarios de un diario.
Habrá libertad de expresión cuando no haya más derecho de admisión, restricciones a la libre circulación de los cuerpos, requerimientos de visas, pasaportes, capital y demás impedimentos.
Cuando los feos, los pobres, los malos, los ignorantes y los sucios puedan expresarse en medio de los lindos, los ricos, los buenos, los sabios y los limpios, y viceversa, quizás entonces recién, podamos hablar de que hemos conseguido la libertad de expresión.
Cabe preguntarse si los aspectos negados del término expresión no son precisamente aquellos a los cuales la propiedad privada le impone sus límites.
Neo liberal
A grandes rasgos el neoliberalismo es capitalismo globalizado. La teoría capitalista de Adam Smith, el autor de "La riqueza de las naciones", tiene un supuesto antropológico que se puede sintetizar de la siguiente manera. El hombre es naturalmente egoísta. Pero no termina ahí, sigue, si cada hombre se ocupara sólo de sus propios intereses el mundo sería el mejor de los mundos posibles. Esto es, una comunidad de individuos egoístas no necesita para prosperar más que de la ambición individual de generar riquezas y adquirir bienes. El ideal es que nadie se meta en los asuntos ajenos y cada uno haga lo que le conviene a sí mismo. Esto generaría la libre competencia en el mercado, por lo cual, si yo tengo gallinas para vender voy a intentar que los que las necesitan me las compren a mí y no a otros. De esa manera el precio de las gallinas se regularía solo por el anhelo de que me compren a mí y no a otro y siempre me deje alguna ganancia.
Hay que decir, sin embargo, que en los últimos capítulos del mencionado libro el autor hace énfasis en la necesidad de una presencia estatal que se encargue de poner ciertos límites a los que venden gallinas, no sea cosa que se pongan de acuerdo entre ellos y en vez de competir libremente monopolicen el mercado de gallinas.
El neoliberalismo prefiere omitir esos últimos capítulos en nombre de la libertad. En pocas palabras, éso más la globalización es el neoliberalismo.
De esta manera se llega al punto en que una empresa que vende pelotas de fútbol decide montar su fábrica en donde la gente esté dispuesta a trabajar por el menor dinero posible para sacar la mayor ganancia posible vendiendo esas pelotas a precios increíbles en países donde la moneda tiene un valor más alto y hay gente con plata dispuesto a pagar mucho por ellas.
Demás está decir que a esas empresas les conviene que haya países pobres con una moneda de bajo valor en relación a otros países. Esa es la base de sus ganancias extraordinarias. No sólo eso, el libre mercado implica naturalmente que mientras más gente no tenga trabajo, más fácil es que trabaje por menos cantidad de dinero. Esto es lo que se conoce como flexibilización laboral, en el capitalismo la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía. Tenemos que competir con otros desempleados, ahora del mundo entero, por conseguir trabajo, y como hay poco la única manera de conseguirlo es ofreciendo el mayor esfuerzo al menor costo.
Creo que está más que claro que en el neoliberalismo a las grandes empresas les conviene que haya pobreza no importa si la pobreza implica mortalidad infantil, desnutrición, desamparo, etc. ¿Qué es lo que le molesta al neoliberal? Basta prender un rato la tele para darse cuenta que la mayor preocupación es la inseguridad. Hay que encargarse de que a los pobres, que en definitiva son fracasados, no se les ocurra venir a robarnos lo que nosotros conseguimos gracias a ellos. Para eso es que hace falta más policía y mano dura, para que la única alternativa del pobre sea dejarse explotar por el rico y soñar con ser rico algún día.
¿Cómo hace un sistema tan injusto para perpetuarse incluso en democracia, donde hasta los pobres votan a sus representantes?
Cada época tiene sus recursos, Marx en la suya dijo que la religión era el opio de los pueblos. En esa época la religión realmente ejercía poder somnífero en los pobres, esto es, la clase trabajadora y desempleada. Decirle que los últimos serán los primeros, que los que sufren en vida serán recompensados en la eternidad y poniéndole como ejemplo a un tipo barbudo, sin bienes y que no está dispuesto a defenderse eran discursos que conmovían y le daban dignidad a la pobreza. La pobreza genera además un estado de impotencia que hace a la gente más susceptible de creer en esas cosas, en cierto modo hacen más digno el estado de sufrimiento permanente. De esta forma los pobres en vez de hacer justicia en vida esperarán al juicio final y vivirán soñando con el paraíso eterno.
Hoy es fácil ver dónde está la matrix, con mirar algunos films de hollywood o leer un cuento de hadas, que son lo mismo, ya nos convencemos de que el pobre tiene la posibilidad de ser rico, pero tiene que ser honesto, trabajar duro y seguir soñando como la cenicienta porque en cualquier momento puede poseer el capital para explotar a otros y dejar de trabajar duro.
Los medios masivos por donde circula la información también son empresas que se rigen con la misma lógica que los fabricantes de pelotas, por eso, como tienen que pensar sólo en sus propios intereses pero no fabrican nada que requiera la explotación de pobres le van a reclamar a los que venden pelotas que los hagan parte de sus ganancias porque tienen el poder de develar la matrix, cosa que no lo van a hacer porque se quedan sin el elemento extorsivo.
Esas grandes empresas que informan y entretienen a la gente que ya no cree en Dios aunque dicen que sí, se vuelven funcionales al neoliberalismo. Por eso en la tele dicen que el problema es la inseguridad, la droga, los tontos, etc. Y si el estado no es neoliberal entonces el problema es también el estado, que coarta la libertad de los individuos.
Los medios por los cuales se configuran la matrix van mucho más allá de la tele, cualquier soporte sirve.
Si no nos conviene que los pobres se rebelen entonces hay que decir que está mal matar gente y que el Che y Fidel tenían buenas intenciones pero fueron dos asesinos.
¿Hace falta decir que el neoliberalismo mata gente? Es claro que la pobreza conduce en grandes cifras a ello. La diferencia fundamental, porque no es lo mismo cualquier asesino, es que los neoliberales matan sin dar la cara, se ocultan detrás de la matrix. Claramente no es lo mismo matar poniendo el cuerpo, estando dispuesto a morir, que matar de espaldas y ponerle el arma a un pobre que va a terminar en la cárcel pagando los pecados del rico.
La lucha armada siempre debe ser el último recurso, pero no es injustificada. La democracia permite otros recursos pero primero hay sacar el opio, desenmascarar la ideología.
Hay que decir, sin embargo, que en los últimos capítulos del mencionado libro el autor hace énfasis en la necesidad de una presencia estatal que se encargue de poner ciertos límites a los que venden gallinas, no sea cosa que se pongan de acuerdo entre ellos y en vez de competir libremente monopolicen el mercado de gallinas.
El neoliberalismo prefiere omitir esos últimos capítulos en nombre de la libertad. En pocas palabras, éso más la globalización es el neoliberalismo.
De esta manera se llega al punto en que una empresa que vende pelotas de fútbol decide montar su fábrica en donde la gente esté dispuesta a trabajar por el menor dinero posible para sacar la mayor ganancia posible vendiendo esas pelotas a precios increíbles en países donde la moneda tiene un valor más alto y hay gente con plata dispuesto a pagar mucho por ellas.
Demás está decir que a esas empresas les conviene que haya países pobres con una moneda de bajo valor en relación a otros países. Esa es la base de sus ganancias extraordinarias. No sólo eso, el libre mercado implica naturalmente que mientras más gente no tenga trabajo, más fácil es que trabaje por menos cantidad de dinero. Esto es lo que se conoce como flexibilización laboral, en el capitalismo la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía. Tenemos que competir con otros desempleados, ahora del mundo entero, por conseguir trabajo, y como hay poco la única manera de conseguirlo es ofreciendo el mayor esfuerzo al menor costo.
Creo que está más que claro que en el neoliberalismo a las grandes empresas les conviene que haya pobreza no importa si la pobreza implica mortalidad infantil, desnutrición, desamparo, etc. ¿Qué es lo que le molesta al neoliberal? Basta prender un rato la tele para darse cuenta que la mayor preocupación es la inseguridad. Hay que encargarse de que a los pobres, que en definitiva son fracasados, no se les ocurra venir a robarnos lo que nosotros conseguimos gracias a ellos. Para eso es que hace falta más policía y mano dura, para que la única alternativa del pobre sea dejarse explotar por el rico y soñar con ser rico algún día.
¿Cómo hace un sistema tan injusto para perpetuarse incluso en democracia, donde hasta los pobres votan a sus representantes?
Cada época tiene sus recursos, Marx en la suya dijo que la religión era el opio de los pueblos. En esa época la religión realmente ejercía poder somnífero en los pobres, esto es, la clase trabajadora y desempleada. Decirle que los últimos serán los primeros, que los que sufren en vida serán recompensados en la eternidad y poniéndole como ejemplo a un tipo barbudo, sin bienes y que no está dispuesto a defenderse eran discursos que conmovían y le daban dignidad a la pobreza. La pobreza genera además un estado de impotencia que hace a la gente más susceptible de creer en esas cosas, en cierto modo hacen más digno el estado de sufrimiento permanente. De esta forma los pobres en vez de hacer justicia en vida esperarán al juicio final y vivirán soñando con el paraíso eterno.
Hoy es fácil ver dónde está la matrix, con mirar algunos films de hollywood o leer un cuento de hadas, que son lo mismo, ya nos convencemos de que el pobre tiene la posibilidad de ser rico, pero tiene que ser honesto, trabajar duro y seguir soñando como la cenicienta porque en cualquier momento puede poseer el capital para explotar a otros y dejar de trabajar duro.
Los medios masivos por donde circula la información también son empresas que se rigen con la misma lógica que los fabricantes de pelotas, por eso, como tienen que pensar sólo en sus propios intereses pero no fabrican nada que requiera la explotación de pobres le van a reclamar a los que venden pelotas que los hagan parte de sus ganancias porque tienen el poder de develar la matrix, cosa que no lo van a hacer porque se quedan sin el elemento extorsivo.
Esas grandes empresas que informan y entretienen a la gente que ya no cree en Dios aunque dicen que sí, se vuelven funcionales al neoliberalismo. Por eso en la tele dicen que el problema es la inseguridad, la droga, los tontos, etc. Y si el estado no es neoliberal entonces el problema es también el estado, que coarta la libertad de los individuos.
Los medios por los cuales se configuran la matrix van mucho más allá de la tele, cualquier soporte sirve.
Si no nos conviene que los pobres se rebelen entonces hay que decir que está mal matar gente y que el Che y Fidel tenían buenas intenciones pero fueron dos asesinos.
¿Hace falta decir que el neoliberalismo mata gente? Es claro que la pobreza conduce en grandes cifras a ello. La diferencia fundamental, porque no es lo mismo cualquier asesino, es que los neoliberales matan sin dar la cara, se ocultan detrás de la matrix. Claramente no es lo mismo matar poniendo el cuerpo, estando dispuesto a morir, que matar de espaldas y ponerle el arma a un pobre que va a terminar en la cárcel pagando los pecados del rico.
La lucha armada siempre debe ser el último recurso, pero no es injustificada. La democracia permite otros recursos pero primero hay sacar el opio, desenmascarar la ideología.
La barbaridad de D10s
El síndrome de Estocolmo es tal que no sólo en el mundo civilizado resultó una barbaridad lo que dijo Maradona, sino que en su misma tierra a la que tanto le dió y lo consagró como ídolo, la suciedad se avergonzó por ser representada ante el mundo como lo que es, bárbara, sucia, desordenada, pasional, etc. No soportaron que su D10s sea como ellos, quieren un D10s que se parezca lo más posible a su verdugo.
Hemos perdido una oportunidad de reivindicar nuestra condición ante el mundo, la posibilidad de que nuestro Dios sea nuestro, a nuestra imagen y semejanza. De mostrar al mundo que la barbarie ha engredado al jugador más grande de todos los tiempos, del deporte más querido del mundo, y que lo ha hecho sin dejarse domesticar por los valores burgueses que desde antaño los verdugos quieren imponernos con gran éxito. El hecho lamentable, para mí, es que sea gente de esta tierra la que reclama por esos valores que nunca le pertenecieron, más que por la fuerza del yugo.
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